Fue en el 2012 cuando escuché por primera vez el término resiliencia, mi profesora una doctora en psicología, me hacía énfasis sobre el término y sobre la importancia que tenía para poder desarrollar un trabajo académico.
Ella me contaba que venía de una familia resiliente, inmigrantes rusos que vivían en España, a sus familiares les había tocado guerras, hambre, un sistema de gobierno muy rígido, por lo que aprendió que ser feliz dependía de la actitud y de ser resilientes. Me contaba que sentada a lado de su abuela hacía grandes trayectos en tren; por lo que, observando a su abuela,
ocupaba el tiempo para crecer, para aprender.
Platicar ese día con mi tutora bastó para motivarme a investigar más sobre el tema y de vivir siendo consciente de ser resiliente.
Con el paso de los años, la resiliencia se ha convertido en tema central para la psicología y educación, concibiéndola como la capacidad de la persona para sobreponerse a los riesgos de la existencia no solo superándolos sino desarrollando al máximo su potencial.
Platicar ese día con mi tutora bastó para motivarme a investigar más sobre el tema y de vivir siendo consciente de ser resiliente. Con el paso de los años, la resiliencia se ha convertido en tema central para la psicología y
educación, concibiéndola como la capacidad de la persona para sobreponerse a los riesgos de la existencia no solo superándolos sino desarrollando al máximo su potencial.
La resiliencia en educación está concebida como un resorte moral, y se constituye en una cualidad de una persona que no se desanima, que no se deja abatir, que se supera a pesar de la adversidad.
Centrándonos en el vínculo resiliencia – educación destacan los llamados factores de riesgo definidos como cualquier característica o cualidad de una persona o comunidad que se sabe va unida a una elevada probabilidad de dañar la salud física, mental, socio emocional o espiritual. Así como en los factores protectores que son las condiciones o los entornos capaces de favorecer el desarrollo de personas o grupos, incluso de reducir los efectos de las circunstancias desfavorables. Los factores protectores externos son los que se refieren a condiciones del medio que actúan reduciendo la probabilidad de daños: familia extensa, apoyo de un adulto significativo o integración laboral y social y, por último, los actores protectores internos referidos a los atributos de la propia persona como son seguridad, autoconfianza, facilidad para comunicarse, empatía, etc.
Por tanto, la persona resiliente es aquella que, a pesar de estar inserta en una situación de adversidad, o verse expuesta a factores de riesgo, tiene la capacidad de utilizar aquellos factores protectores para sobreponerse a la adversidad, crecer y desarrollarse adecuadamente, llegando a madurar como persona competente. La clave fundamental es que la escuela sea
capaz de ofrecer los reforzadores de los factores protectores en la vida de los estudiantes y de los docentes, pese a los pronósticos desfavorables.
La próxima semana hablaremos sobre el papel que tiene la escuela de ofrecer los reforzadores de los factores protectores en la vida de los estudiantes y de los docentes.
Fátima Cabo Arrubarrena